En mi última publicación di a conocer mi admiración por las Gorgonias o Abanicos de Mar.

Fue hace algunos años cuando paseando por una playa en invierno, se cruzó en mi camino uno de estos bonitos arbolitos que el mar había depositado en la playa, escondido entre algas.

El año pasado paseando por una pequeña calle de un pueblo de la costa atlántica, casualmente me crucé con un anciano con una caja de cartón llena de Gorgonias, que depositaba en el punto de recogida de basura. No pude resistirme y cogí los que consideré más bonitos. A la hora y media cuando de regreso volví a pasar por el mismo punto, comprobé que la caja llena de esos preciosos arbolitos seguía allí. Antes de que llegara el camión de la basura, hice otra gran selección.

Uno de ellos ocupa un lugar privilegiado de mi casa.

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